La reputación corporativa alude a la percepción que clientes y consumidores perciben respecto a una empresa. Se construye a través de interacciones tales como reviews, comentarios y valoraciones sobre productos que se publican diariamente en la red.
Se trata de un concepto crucial ya que estos contenidos pueden tener un impacto directo en la cuenta de resultados, ahuyentar a clientes o generar oportunidades de negocio. Para ello se realiza una gestión proactiva de la imagen: se diseñan estrategias de comunicación para reforzar los valores y cualidades de la corporación. Se publican artículos, contenidos y se construye una marca entendida como un proceso cuidadoso a medio plazo.
La atención al cliente: Responder sin evasivas a los comentarios de los consumidores, saber gestionar las crisis y tener un plan de acción para poder interactuar puntualmente.
Las empresas deben tener un plan de respuesta temprana ante ataques reputacionales, estar preparadas para y saber que vivimos en un mundo crítico donde el factor opinión es algo que no podemos ignorar.
Construir relaciones en el mundo virtual: Interactuar con Youtubers, bloggers, líderes de opinión y todos aquellos actores del escenario en el que la marca se juega sus ventas. No hay que olvidar que el prestigio online se construye generando confianza y admiración en un proceso 100% colaborativo.
En este proceso participan todos los departamentos de la empresa, (marketing, dirección ejecutiva) pero también aquellos empleados que tratan directamente con el público. La reputación es distribuida y se teje entre empresa y cliente en un sector donde los algoritmos mandan y donde Google ya se ha convertido en el mayor prescriptor de la historia.


